Definitivamente el ego humano enceguece, y si está alimentado por poder, dinero, prestigio o reconocimiento social, peor. El ego no es igual a la autoestima; la autoestima significa amor por uno mismo, es aliada de la dignidad y por ende del reconocimiento del otro. El ego fácilmente es compatible con la prepotencia, el menosprecio y gran enemigo de la sencillez. El ego es más vulnerable que la autoestima y menos flexible. Aunque esta última también puede ser lastimada fácilmente por experiencias de gran impacto, el primero es vulnerable a pequeños e insignificantes cambios al libreto de vida, con el cual se identifica desesperadamente para sobrevivir los vacíos que la subyacen.
Con este pequeño preámbulo, quiero manifestar mi desagrado ante las manifestaciones de ego y prepotencia que curiosamente llaman mi atención en el contexto organizacional en el que me desenvuelvo desde hace un tiempo. Aunque no se trata de generalizar, pues las generalizaciones se convierten en sesgos perceptuales y de criterio para tomar decisiones, es evidente una tendencia en el gremio profesional de la medicina, en la cual sus miembros se creen pavos reales y se “pavonean” en la clínica como si la bata fuera una gran cubierta de plumas. En los mejores casos, los médicos simplemente miran del hombro para abajo al resto de individuos que laboran en la organización, saludan a regañadientes sólo si uno los saluda, y se agremian como manada para relacionarse únicamente entre ellos. En los peores casos, he observado o me he enterado de historias donde los médicos tratan con absoluto desprecio a las secretarias, auxiliares, mensajeros y otros seres humanos, cuyo trabajo es más que indispensable para que el de ellos funcione.
Particularmente, me enteré de una situación donde uno de estos Md. (medio dios) se dedicó a humillar a una funcionaria que estaba haciendo muy bien su trabajo, pues éste consistía en controlar el ingreso de personas a la sala de cirugía. Esta honesta trabajadora, quien tuvo la mala suerte de pensar que las leyes son iguales para todos, solicitó al médico identificarse para poder ingresar a la unidad. Desafortunadamente, ella no había tenido la delicadeza y el tiempo para grabar y reconocer los rostros de los 200 o más médicos que trabajan en la institución, lo cual resultó en una ofensa imperdonable para el excelentísimo señor que con tantas vidas que salva, le resultó inconcebible que no lo reconocieran y más aún que le pidan identificación en aras de la seguridad del recinto. Ahora, gracias a la diplomacia, respeto al estatus quo e idolatría que por los médicos socios se debe profesar, el área de cirugía se convierte en un lugar menos seguro si alguien con dudosas intenciones decide ingresar con la espalda erguida, mirando de re ojo y por supuesto con una bata blanca.
Mi pregunta ahora es ¿Dónde están los médicos que vieron Patch Adams? ¿Desde cuando la labor social de salvar a unos se convirtió en una razón de peso para menospreciar a otros? Bienvenidos a mi mundo los profesionales de todo tipo, que con humildad reconocen la fortaleza de otros saberes, las carencias de los propios, y que saben que un diploma no es un pretexto u obstáculo para reconocer a los otros como pares. A éstos, los amables, los apasionados, los sensibles, los humildes, les daré la mano con sinceridad, y espero que a alguno de ellos sea a quien deba confiar mi salud cuando sea necesario.
-:Farenas.O:-
así se hace mi Farenas. Que sean humanos porque con ellos es que trabajan o que se vuelvan veterinarios y pongan de secretaria una girafa.
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