Existe un fenómeno increíblemente humano que se llama la procrastinación. Este es definido como la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que necesariamente deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes. En otras palabras, es hacerse el pendejo con la vida, con lo que se requiere cumplir para seguir adelante, pero la decisión de iniciar es dejada en el tintero porque de alguna manera prima la percepción de amenaza e incomodidad que puede generar hacerle frente. Esta percepción de amenaza obedece a construcciones simbólicas subjetivas; asociaciones que en muchas ocasiones no son un reflejo de la realidad ni de la situación a evitar, si no de temores estructurales de la personalidad. La procrastinación detiene al ser humano, impide la puesta en práctica de acciones y el flujo de energía que se requieren para cerrar ciclos.
Ahora bien, he aquí el motivo de esta reflexión y lo paradójico del asunto. Me hallaba yo en estos días procratinando una situación en particular con una persona en particular del trabajo que no amerita mencionar acá. Fue una situación laboral muy mínima que llevaba días evitando, hasta que decidí firmemente salir de ella. La sorpresa es que el estrés que evitaba no apareció. El estrés solo se daba en el momento de la procrastinación, por el hecho de hacerme consciente de lo que estaba evitando (el individuo no se puede engañar a si mismo). Por el contrario, cuando cerré el círculo recibí fue una gran dosis de endorfinas y adrenalina que interpreté como una gran satisfacción, la cual supe yo que era proporcional al tiempo que llevaba esperando. En otras palabras, si no hubiera postergado tanto, no hubiera sido tan satisfactorio haber cumplido mi meta. Fue algo así como si no hubiera comido en todo el día y en la noche me hubiera preparado un delicioso filete de res; entre más hambre, más rico ….
¿será entonces la procrastinación un hábito adictivo? ¿será que procrastinamos más por la satisfacción final que por el estrés que ocasiona imaginar la situación? ¿Esto hará menos, más o igual de dañina la procrastinación para la consecución de objetivos personales? ¿Tendrá algo de útil? O simplemente será la procrastinación un invento inconciente que le brinda un poco de emoción y color a la vida... Sería terrible donde conseguir objetivos en el ámbito humano no generara algún tipo de emoción y fuera algo simplemente newtoniano (acción-reacción). Definitivamente las leyes de la física pocas veces aplican al ser humano.
No me arrepiento de haber procrastinado, pues obtuve gratis una dosis de satisfacción insignificante para el mundo, grandiosa para mí. Aun así, es un hábito curioso de doble filo, que si bien no creo que se pueda ni quiera evitar del todo, se puede jugar con él como un niño que tienta el destino jugando con fuego a que es o no es capaz…
muy curiosa la cuestión de la procrastinación...no podria decir que me arrepiento si lo hago o no lo hago, solo sé que hace parte de un hábito de mi vida llegar hasta ese punto, y si tratamos de comparar el efecto pre-procrastinación y post-procrastinación, diriá desde mi subjetividad que es mayor el efecto pre que puede surgir, y la adicción incluso podría mantenerse por ese mismo efecto, que si bien puede ser un malestar, quizas es masoquismo y placer por el mismo...y resulta contrario a lo que opinas, ya que tu satisfacción recae sobre el efecto post...me parece curioso ese hecho....interesante tu aporte en mi vida el dia de hoy, en serio...
ResponderEliminarMuy curioso el dato que señalas, y claro, es una máxima expresión de mi subjetividad, pero interesante tener aspectos en común. Bacano que te haya gustado y que lo considerés un aporte en tu vida. Bienvenidos tus comentarios a mis blogs, seguirán apareciendo eventualmente...
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